
¿Por qué utilizamos la tecnología infrarroja para el calentamiento en fábricas inteligentes?
Construir una fábrica inteligente dentro del marco de la Industria 4.0 no se trata solo de los software. Puedes tener el código más avanzado del mundo, pero si el hardware no puede mantener ese ritmo, estás atascado.
Los hornos convencionales son demasiado lentos. Retienen el calor mucho tiempo después de apagarse, lo cual es un problema cuando se necesita precisión. Por eso recurrimos a sistemas infrarrojos. Son rápidos, realmente rápidos. Y eso cambia todo en cuanto al flujo de trabajo.
Controlar la respuesta térmica
En una línea de producción digitalizada, esperar diez minutos a que el elemento de calentamiento alcance la temperatura adecuada es una pérdida de tiempo. Con la tecnología infrarroja, se utiliza energía radiante directa. Se pueden aumentar o disminuir las temperaturas en segundos. Conectamos estos sistemas a controladores PID y sensores IoT, para que el hardware pueda comunicarse con nosotros. Podemos ver la potencia y las temperaturas en tiempo real en la pantalla. Ya no hay necesidad de adivinar si el proceso de curado o secado está ocurriendo realmente. Simplemente lo sabemos.
Ahorrar espacio sin perder eficiencia
Las fábricas inteligentes suelen tener poco espacio. No queremos un sistema de aire forzado enorme que ocupe la mitad del espacio disponible. Los emisores infrarrojos permiten obtener una alta densidad de calor en un área muy pequeña. Además, podemos configurar estos emisores para calentar puntos específicos en una placa o sustrato. En lugar de calentar toda la cámara, como haría un tostador gigante, solo se calienta lo que es necesario. Así, la factura de energía disminuye, y el sistema de climatización no tiene que trabajar tanto para mantener la temperatura adecuada.
El equilibrio entre potencia y precisión
Aquí está el problema: los emisores infrarrojos de alta potencia son intensos. Si aumentamos demasiado la potencia para ahorrar unos segundos en el ciclo de tratamiento, corremos el riesgo de dañar los materiales. Incluso podrían quemarse. Se trata de encontrar el equilibrio entre la potencia del emisor y la velocidad de movimiento del transportador. Por lo general, sugerimos el uso de controladores de potencia pulsada para manejar este equilibrio. De esta manera, se mantiene una alta productividad, pero se evita que los componentes sensibles se dañen.
Cuando todo esto se conecta al sistema central, se vuelven evidentes los cuellos de botella. Se puede ver exactamente dónde se desperdicia energía y dónde el proceso se ralentiza. Ese es el verdadero secreto para ir más allá de una fábrica tradicional y operar de manera basada en datos.